CUENTO DEL CONEJO RUNNY (05.05.2020).
ACTIVIDADES: PREGUNTAS SOBRE EL CUENTO:
***Estas actividades se tienen que realizar preferiblemente en un documento word o en su defecto en el cuaderno de Sociales, y se os podrán pedir.
* Leer el cuento mediante una lectura comprensiva.
1. Realizar un resumen con un máximo 5 líneas.
2.
Buscar
en el diccionario las palabras subrayadas en amarillo.
En un lejano lugar llamado Tutifrutti una
familia de conejitos vivía muy felizmente pues era un lugar verde lleno de
zanahorias y lechugas, la delicia de los conejos.
La familia la integraba Rabito el más
pequeño pues solo tenía dos meses y después seguía Runny que tenía ya seis meses, además de su
papá Perry y su mamá Noala.
Un día Runny decidió ir al mercado,
pues tenía hambre y su mamá había olvidado comprar los víveres el día anterior.
Por lo que él decidió ir en busca de jugosas zanahorias y frescas lechugas para
desayunar. Pero en el camino observó que personas, seres vivos mucho más altos
que él habían construido una gran casa, y pensó:
-“Seguramente tienen mucha
familia y necesitan de una casa muy grande”, y siguió su camino.
Sin embargo, al llegar al mercado de los conejos se encontró con varios
conejitos lastimados y asustados. Además, todo el mercado estaba destruido pues
un grupo de humanos, de esos que son mucho más altos que él, llegaron con
grandes maquinas. Que, además de hacer mucho ruido, destruyeron su pequeño
mercado y se llevaron su comida.
Runny saltó y saltó de regreso
a su casa para hablar a su familia de lo que había visto. Pero cuando llego a
su hogar, con mucho esfuerzo, consiguió hablar a su papá, pero cuando las
maquinas empezaron a llegar y todos tuvieron que correr.
Todos saltaron y saltaron, pero el pequeño Rabito no
alcanzó a saltar tan rápido como su familia y ya imaginarán lo que sucedió. La
familia de conejitos siguió saltando y saltando hasta alejarse de lo que era su
casa, llegando a un lugar con mucho frio y mucha nieve. El papá conejo y la
mamá coneja tenían frío y lloraban la perdida de Rabito, el más
pequeño de sus hijos. Mientras que Runny no
lograba comprender por qué los seres humanos habían hecho tal atrocidad.
– “¿Por qué destruir
nuestras casas? Si nosotros no les hicimos nada, no nos metemos en sus casas
¿por qué invadir las nuestras?».
Runny salió a buscar
comida de nuevo puesto que no logró conseguir en su primer intento. Y dejando a
sus padres en una pequeña choza abandonada y sucia, salió en busca de
zanahorias y lechugas aunque sean secas.
Por el camino se encontró con un viejo conejo, que ya tenía tres años, que
estaba en la fuerte nieve con una pequeña fogata encendida y le dijo:
– «Disculpe señor conejo,
soy Runny y quisiera saber dónde puedo conseguir algo
de comida, tal vez lechuga o zanahorias.»
– «Hay conejo, aquí hace tiempo que no se ven lechugas mucho menos
zanahorias. Desde mis antepasados, hace 20 años, que alcanzaron a disfrutar de
esos manjares y de un poco de calor.»
– «Entonces ¿qué se puede
comer aquí señor conejo?»
– «Tendrás que conformarte con hojas de aquel árbol, que aunque no son
muy buenas saben mejor que la nieve o que la madera de un árbol viejo.»
– «Pero señor conejo, tengo
familia y espera comida que los haga seguir caminando para encontrar un lugar
mejor.»
– «Lo siento conejo, pero aquí solo eso encontrarás. Porque hace años
que los seres humanos lograron enfriar esta parte del mundo, haciendo imposible
que brote una zanahoria de estas tierras.»
– «¿Cómo sabe que fueron
los humanos?»
– «Porque así ha sido. Son tan altos y tan fuertes, han inventado
tantos artefactos que han destruido nuestro hábitat y nosotros morimos de uno
en uno.»
– «Señor conejo, dígame
usted que es viejo y sabio, ¿por qué los seres humanos hacen eso? ¿Qué no se
dan cuenta de que son nuestras familias a las que dañan y que nosotros jamás
les hemos hecho daño?.»
– «Hay conejo, eres joven, no comprendes la gran avaricia de los
humanos, pero te contaré, ven siéntate aquí, cerca de la fogata.»
– «Nosotros los conejos tenemos un hábitat donde vivimos muy bien.
Sabemos que somos alimento de otros animales más grandes, pero además de
cuidarnos de esos otros animales, tenemos que cuidarnos de los humanos. Pues
ellos por avariciosos construyen cosas que dañan nuestro hábitat, reduciéndolo,
ya no cabemos.»
– «Pero son casas, tal vez
es necesario porque son muchos sus familiares.»
– «No conejo, no es por eso, construyen fábricas y otras cosas que
contaminan nuestro aire, el agua y el suelo, para vivir mejor, para tener
dinero, que es con lo que pagan lo que tienen.»
– «Hace muchos años existían otras especies como el tigre dientes de
sable, el mamut, el tigre de Tasmania, y otras más que desaparecieron. Porque los humanos los utilizaban
para vestir y para vender sin notar que se extinguían, desaparecían conforme
ellos exageraban por saber que tenían poder.»
– «Además, observa conejo, observa bien, no hay agua en este lugar que
pueda beberse, porque cuando vinieron la contaminaron y así la dejaron sin
importarles nada.»
– «Pero señor conejo, ¿por
qué me dijo usted que ellos habían enfriado este lugar?»
– «Porque allá en donde viven, aunque está lejos de aquí, tiran las
envolturas de su comida, porque no comen lo mismo que tú y que yo. Comen
alimentos en latas, en bolsas, en papel, y eso lo tiran al suelo, al campo, a
un lado de los árboles.»
– «Además, ellos no saltan como tú y yo, ellos inventaron algo que se
llama automóvil, y este se mueve con un líquido que se llama gasolina y causa
un humo que destruye la atmósfera. Y la atmósfera es importante para nosotros,
para respirar, y con todo eso el planeta está en la locura. Lugares muy fríos
como este, o muy calientes, y los animales ya no podemos sobrevivir a tanto
cambio.»
– «Los ecosistemas conejo, ese lugar donde vivimos cada uno de los
animales y plantas. En donde interactuamos entre nosotros para sobrevivir y nos
alimentamos, ya no depende de nosotros. Ahora, depende de si el ser humano no
lo destruye, y si es así, tener que acostumbrarnos a otro clima, a otro
alimento, y por lo tanto cambiar hasta fisiológicamente. Y
eso, mi joven conejo, se llama evolucionar, y no todos los animales logramos
hacerlo.»
– «Pero, ¿Por qué lo hacen?
¿Qué no les afecta nada de eso a ellos también?»
– «Sí, pero no lo ven, están tan cerrados en su vida perfeccionista que
no logran ver el daño para ellos y para los que siguen.»
– «Dígame señor conejo,
¿qué deberían de hacer para no dañar los ecosistemas?»
– «Pues no es tan difícil mi joven conejo, solo ser más racionales al
momento de extraer algo de los ecosistemas. Aprovechar al máximo lo que extraen
y que esto sea en verdad necesario. Además de no seguir utilizando la vida de
los animales que casi no hay en el mundo, como los leopardos, las águilas, el
tapir, el manatí, entre otros. Y así lograr que
vuelvan a ser especies sin riesgo de extinción. Pues cada ecosistema necesita
de estos animales, pues las cadenas alimenticias se manejan por jerarquía de depredadores, y así hay un balance dentro de
ellos.»
– «También podrían cuidar el agua, no utilizar más de la que
verdaderamente necesita y tampoco tirar la basura en las calles pues es
contaminación. Pero la que es más importante para la atmosfera es que aprendan
a caminar, porque ellos no saltan como tú y yo Runny, ellos pueden caminar y
dejar de usar esas cosas con ruedas que se mueven y hacen un ruido tan feo.»
– «Y así se lograría una estabilidad en los ecosistemas y en nuestra
vida.»
– «Y en la vida de todos los animales del planeta, mi joven conejo.»
– «Es usted un gran conejo,
muy sabio, ojala los seres humanos lo escucharán, tal vez entenderían lo que
pasa.»
– «Tal vez Runny, tal vez. Lo
importante es que uno comience, y así todos los demás empezarán a entender.»
Y Runny, se fue saltando a la choza vieja donde se
encontraban sus papás, con unas cuantas hojas de aquel árbol que le había dicho
el sabio conejo. Al llegar, se sentó a imaginar todo lo que el viejo conejo le
había hablado de los ecosistemas y de cómo los seres humanos vivían y como podrían
mantener un ecosistema estable para que su vida fuese mejor, soñando lo que un ser humano puede comenzar
a volver realidad.
Fin.
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